Las tres claves de la Pascua: Amor, Alegría y Paz

Autor: Pbro. Herling Hernández

La Pascua de la Resurrección es la cumbre de la vida cristiana, es la persona misma del Resucitado, Jesús de Nazaret, que llena de plenitud la vida de los que creen en él y siguen su proyecto de vida. Hablar de la Pascua, es hablar de la experiencia más completa que el ser humano puede vivir, porque se trata de su futuro, que arranca con la propuesta de Fe que Jesús hace de acoger su mensaje de salvación. Como nos recuerda el Papa Francisco: “En medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto” (Evangelii Gaudium, n° 276).

Este mensaje no es “propaganda”, ni “publicidad”, ni “anuncios” superficiales. El mensaje del Resucitado es una palabra concreta, un proyecto de vida, un futuro pleno, que se puede vivir desde ¡ya!

¿Cómo puedo acceder a esa vida plena que me ofrece Cristo Resucitado?

La repuesta la encontramos en la fuerza del Espíritu Santo que dispone los corazones por todas partes, para recibir los frutos de la pascua. El Espíritu Santo es la fuerza redentora que sigue trasformando la vida de muchos y de la humanidad.

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¿Esta novedad en qué consiste? ¿Qué es lo que impacta de esta nueva vida? ¿Qué es lo que suscita el Espíritu del resucitado en el corazón de los hombres?

En primer lugar, si acogemos el Espíritu, recibimos el Amor. Con el amor podemos hacer todo lo que la voluntad se propone realizar. Como decía el científico Albert Einstein: “El amor es la fuente de energía más poderosa de todo el mundo porque no tiene límites”. Si te aventuras amar y servir con amor a los demás, renunciando a tus egoísmos, encontraras sentido a la vida y una vida con sentido.

En segundo lugar, para vivir a plenitud la vida, debemos experimentar la Alegría y el gozo. El Espíritu Santo es quien pone esta alegría en el corazón del hombre, con esta alegría se puede vivir con esperanza en el futuro. Esta alegría es un conectar con el que posee vida en abundancia, Jesús.

De esta alegría se contagia la Fe y se demuestra que por muy difícil que sea la vida, siempre hay motivo para seguir creyendo. La alegría es el puente entre dos abismos, el de la tristeza y la desesperación.

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Como solía decir el Beato Joven Pier Giorgio Frassati (*1901 +1925): “Me preguntas si estoy alegre. ¿Cómo no estarlo mientras la Fe me de fuerzas? ¡La tristeza debe ser barrida del alma del católico! El dolor no es la tristeza, la más detestable de todas las enfermedades. Esta enfermedad es casi siempre fruto del ateísmo; pero el fin para el cual hemos sido creados nos señala el camino, sembrado, si se quiere, de muchas espinas, pero de ningún modo triste. Es alegre, incluso a través del dolor”.

Finalmente, una vida en Paz, es una vida plena ¿Qué es ésta paz del espíritu? Es la que Cristo da para que el hombre no se hunda en el abismo de la desesperación a causa del odio, del mal y de la venganza. Esta paz que Cristo ofrece hace ver que la esperanza es el arma más poderosa del cristiano, porque nos asegura que el bien siempre vence. Acojamos la invitación de San Juan Pablo II: “¡Hombres y mujeres del tercer milenio! Dejadme que os repita: ¡abrid el corazón a Cristo crucificado y resucitado, que viene ofreciendo la paz! Donde entra Cristo resucitado, con Él entra la verdadera paz”.

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