Las Vocaciones sacerdotales

Por: Pbro. Herling Hernández

La VOCACIÓN es un llamado. Dios llama de diferentes maneras y en tiempos distintos a vivir unidos a Él. Pero este llamado que Dios hace, depende de una respuesta concreta del ser humano a vivir esta relación de amor: “es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde a Dios en el amor” (Juan Pablo II, Exhortación Postsinodal Pastores Dabo Vovis, n°36).

Esto se da sólo en un encuentro personal con Él, porque la fe no es una doctrina, es una persona. Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI: La vida cristina es, “el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Encíclica Dios es amor, n° 1).

Dios llama a personas comunes y corrientes para que hablen con Él y hablen de Él, que vivan esta experiencia de amor, que sepan valorar sus vidas, sus profesiones, sus trabajos, pero sobre todo que valoren en primer lugar su Fe, pero no una fe intimista, sino de compromiso consciente; sólo esa Fe le encuentra sentido a la vocación, para formar parte de un proyecto de evangelización. Este fue el caso de los primeros discípulos de Jesús: Simón (Pedro), Andrés, Santiago y Juan, que fueron llamados desde su lugar de trabajo, familia, en un día cualquiera.

Cristo los busca, ha ido a su pueblo deliberadamente, se dirige con toda intención a la orilla donde están, y pasa por sus vidas en el momento elegido por Él: “Y, al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Y, al instante, dejaron las redes y le siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan su hermano, que remendaban las redes en la barca. Y enseguida los llamó. Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él” (Mateo 4, 18-19).

La respuesta a la llamada de Dios, implica necesariamente una conversión, dejar de pensar de manera conformista y cortoplacista. Esto significa cambiar de actitudes, hay que pasar del pasivismo cristiano a la acción, a las obras concretas que demuestren que verdaderamente se ama a Dios.

¡La vocación es ser testigos de una persona que ha transformado mi vida! Como les decía el Papa San Juan Pablo II a los Jóvenes: «Si abres tu corazón y tu mente con disponibilidad, descubrirás tu “vocación”, es decir, el proyecto que Dios, en su amor, desde siempre tiene preparado para ti».

¿Sabías qué?

El lugar dónde se forman los futuros Sacerdotes se llama Seminario (del latín Seminarius, que significa “Semillero”). Y, que la etapa de formación comprende un periodo mínimo de 7 años después del Bachillerato (3 años de Filosofía y 4 años de Teología a nivel de estudios superiores y certificados por una universidad civil o eclesiástica), donde se recibe una formación integral, basada en cuatro ejes fundamentales como son:

Formación humana:

En la que se deben resaltar todas aquellas cualidades humanas, capaces de sobrellevar el peso de las responsabilidades pastorales.

Formación espiritual:

Por la que el futuro sacerdote aprende a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo, y así pueda entregarse más plenamente a su misión.

Formación pastoral:

Ya que toda la formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor.

Formación Intelectual:

Por la que el candidato al sacerdocio desarrolla el intelecto para que pueda buscar un conocimiento más profundo de los misterios divinos, a través de las ciencias sagradas (Teología) y ciencias humanas (Filosofía), que lo capaciten a desarrollar en los candidatos al sacerdocio, además del rigor científico, un grande y vivo amor a Jesucristo y a su Iglesia.

En Nicaragua existen cuatro Seminarios Mayores: Seminario Interdiocesano Nacional “Nuestra Señora de Fátima” (ubicado en Managua y el más antiguo), donde se forman los Seminaristas de las Diócesis de León, Matagalpa, Juigalpa, Jinotega, Estelí, Bluefields y Siuna; Seminario Mayor Arquidiocesano “La Purísima”, donde se forman los Seminaristas de la Arquidiócesis de Managua (ubicado en Managua), donde se forman los Seminaristas de los departamentos de Managua, Masaya y Carazo; Seminario Mayor misionero Redemptoris Mater “Nuestra Señora de Guadalupe” del Camino Neocatecumenal (ubicado en Managua), donde se forman los Seminaristas proveniente de diferentes países del mundo; Seminario Mayor San Pedro Apóstol de la Diócesis de Granada (ubicado en Diriá), donde se forman los Seminaristas provenientes de los departamentos de Granada, Rivas y Boaco.

Cada año, para el IV DOMINGO DE PASCUA, el Papa dedica un mensaje de oración por las vocaciones sacerdotales y consagradas. Este año 2019 se celebra la N° 56, cuyo tema es La valentía de arriesgar por la promesa de Dios, que en su parte medular dice:

“El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera de lo obvio, que no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios y no quede inerte frente a esas elecciones que podrían darle sentido. El Señor no quiere que nos resignemos a vivir la jornada pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión y extinguiendo la inquietud interna de buscar nuevas rutas para nuestra navegación. Si alguna vez nos hace experimentar una “pesca milagrosa”, es porque quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado –de diferentes maneras–, a algo grande, y que la vida no debe quedar atrapada en las redes de lo absurdo y de lo que anestesia el corazón. En definitiva, la vocación es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean”.

¡La vocación te hace feliz!… ¡Descubre tu vocación!

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