Lo primero y más urgente ahora es evangelizar.

Heraldo de Jerusalén, súbete a un monte y anuncia: ha llegado su Dios. El Señor ha venido y eres tú, soy yo, al quienes él busca. Como un Pastor apacienta el rebaño, reúne a los corderos, fortalece a las ovejas débiles y cura a las heridas. Mirad, el Señor viene con poder y dará a cada uno su recompensa

Evangelizar es mostrar cómo Jesús consuela a su pueblo, habla al corazón de Jerusalén. Jesús camina por nuestras calles, conversa en nuestras plazas. De este modo, se llegará a conocer a Jesús como el profeta, lleno del Espíritu Santo, nacido y enviado para nuestra salvación. Es tiempo de preparar en el desierto de nuestra vida un camino al Señor. ¡Que la soberbia sea vencida y que triunfe la humildad!

Se revelará la gloria del Señor y todos los hombres, maravillados, serán consolados. Éste es el fruto de la evangelización. Mirad con atención a Jesucristo, pues no se puede conocer la fuente de la bondad sin amarla. Contemplemos a Jesús como se contempla la Santa Eucaristía, hasta que se revele al propio corazón la gloria del Señor.

Se ha manifestado la gracia de Dios

Durante el tiempo de Pascua se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñando a renunciar a los deseos mundanos y a llevar una vida sobria, justa y piadosa. Jesucristo es el maestro que enseña la verdad e indica el camino de la vida eterna. Basta seguir sus huellas. La cuestión no es llenarnos de cosas, ocupar el tiempo, sino acoger al único que nos salva, Jesús.

Jesús fue Bautizado en el Río Jordán por Juan el Bautista. Foto: Cortesía.

El Señor ha llegado y permanece con nosotros para salvarnos mediante el Bautismo de la regeneración en el Espíritu Santo. Por medio de nuestro Salvador Jesucristo seremos herederos de la vida eterna. Esperemos ahora su manifestación en la gloria y en el poder del gran Dios nuestro Salvador, Jesucristo, el cual nos redimió del pecado y volverá para llevarnos a la vida eterna.

Jesús y Juan el Bautista

El evangelio de hoy nos dice quién es Juan el Bautista y quién es Jesús. Juan el Bautista es el evangelizador, porque en el desierto conoció su misión y en medio de la gente la cumplió hasta el martirio. Juan el Bautista bautizaba en el Jordán y preparaba los caminos al Señor con la penitencia. Juan Bautista habló diciendo: Yo los bautizo con agua, pero está llegando otro, mayor que yo, que los bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.

Mientras Jesús recibía el Bautismo, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él y se oyó una voz poderosa del cielo, que dijo: “Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me complazco”. Jesús es el ungido, el Hijo de Dios, el amado, el predilecto, el que bautiza en Espíritu Santo y fuego. El Bautismo de agua es el Bautismo de penitencia; el Bautismo en el Espíritu Santo es el Bautismo que da la nueva vida mediante la Fe y consume los pecados en el fuego divino mediante las obras de penitencia.

El Bautismo de Cristo sucedió mientras Él rezaba. Detalle fundamental para advertir que la oración es fundamental en la vida de Cristo y en la vida de cada uno de nosotros. Sin oración se corre el riesgo de cansarnos y que todo siga igual. Sin oración no será posible hablar con unción y eficacia llevando la conversión a las personas que nos escuchen. Sin oración nuestra palabra saldrá de la boca, no del corazón.

Celebrar el Bautismo de Cristo es hacer memoria también de nuestro Bautismo y profesar de nuevo la Fe, renovando el propósito de renunciar al pecado y de vivir de las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Estemos preparados para cuando vuelva Jesús. Pero para entonces ¿habrá Fe en la tierra?

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